2026-05-22 16:54:42 - MUNDO
Es 8 de noviembre de 2025. Rodrigo Paz se asoma al balcón del Palacio Quemado (sede del Ejecutivo) junto a su familia. Vestido con blazer azul, camisa celeste y una corbata también integrada a la paleta de los colores del cielo, el nuevo mandatario de Bolivia saluda con una suerte de emoción contenida. Mientras la banda presidencial le cruza, saluda a los mandatarios que llegaron de los países de la región para la ceremonia de investidura.
Paz llegó con grandes desafíos: un país que se queda sin divisas, que no tiene suficiente combustible y que muestra a su población durmiendo en las largas filas frente a las gasolineras para conseguir hacer funcionar sus vehículos. La cotización del dólar también está disparada y el país, históricamente barato, comienza a volar al ritmo de la inflación, como durante años lo hizo su vecina Argentina.
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Meses antes de arribar a la casa de gobierno, pocos creían que Rodrigo Paz podía estar entre los presidenciables. El mandatario Jorge “Tuto” Quiroga, el empresario Samuel Doria Medina y el alcalde de Cochabamba, Manfred Reyes Villa, eran los nombres que puntean en los sondeos, pero la fórmula integrada por el antiguo líder de Tarija y el tiktoker, comandante Enmand Lara, sorprendió en primera vuelta. Las consultoras lo volvieron a dar perdedor para la segunda vuelta, pero el binomio se impuso otra vez y confirmó que gobernaría Bolivia por los próximos cuatro años.
Para ese entonces, el oficialista Movimiento al Socialismo (MAS, izquierda) estaba ya fracturado y debilitado. Gobernó el país desde 2006 hasta 2019, cuando Evo Morales abandonó el país tras un pedido de renuncia que luego calificó de golpe; pero, la formación izquierdista volvió en 2020 tras un contundente triunfo de Luis Arce Catacora, acompañado por el vicepresidente de origen aimara David Choquehuanca.
En la primera, pero sobre todo en la segunda vuelta, la fórmula Paz-Lara conquistó la voluntad de buena parte de los antiguos votantes del “evismo”.
“Si tú te fijas, el flujo electoral del MAS normalmente era el 55%. De eso, 24 puntos se fueron con Rodrigo Paz, seis con Andrónico Rodríguez (del MAS), 22 entre el blanco y el nulo y 2,4 con Eduardo del Castillo (ex-MAS)”, calcula Adriana Salvatierra, politóloga y expresidenta de la Cámara de Senadores de Bolivia, en diálogo con France 24 en Español.
No obstante, seis meses después del arribo de Rodrigo Paz al Palacio Quemado, su gobierno enfrenta protestas multitudinarias de indígenas, campesinos, mineros, maestros y vecinos. El alcance de las manifestaciones es nacional, pero el epicentro se ubica en El Alto, la ciudad próxima y de acceso obligado para llegar a La Paz. Al igual que en cada bloqueo prolongado realizado en esta urbe, hay desabastecimiento en la ciudad que aloja la casa de gobierno y el parlamento. ¿Cómo se llegó a esta situación?
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Al analizar los primeros seis meses de mandato del presidente boliviano Rodrigo Paz, las analistas consultadas por France 24 en Español coinciden en que hay una diferencia entre la composición del voto que le dio el triunfo y los sectores sociales que conforman su gobierno.
“Gana las elecciones con un grupo político y realmente se encumbra con otro. Es como que se casa con una familia y se va a vivir con la otra”, afirma Susana Bejarano, politóloga y analista política. “Pasa centralmente por la ruptura de un pacto social, que es la promesa electoral. Lo que dices que vas a hacer y para quiénes vas a gobernar, y lo que, ya en el ejercicio de la gestión pública, hizo y para quiénes ahora está gobernando”, subraya, por su parte, Salvatierra.
Según las especialistas, la narrativa construida por el presidente durante la campaña electoral prometía continuar las políticas sociales de los gobiernos del MAS. Un lenguaje que brindó “comodidad” a diversas organizaciones sindicales, campesinas e indígenas.
Para Bejarano, tanto Paz como buena parte de los movimientos sociales habían actuado “casi de modo oportunista” durante la contienda electoral porque el entonces candidato ilusionó a cierta dirigencia con la posibilidad de darle continuidad al “ejercicio sistemático de la prebenda que había funcionado fundamentalmente durante el gobierno de Luis Arce”. Esto no se cumplió y estos sectores comenzaron a movilizarse.
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Salvatierra recuerda las medidas que había prometido el presidente: no acudir al Fondo Monetario Internacional, un bono de 2.000 pesos bolivianos (unos 289 dólares) para las madres, levantamiento sectorial de la subvención al combustible, manteniéndolo para el transporte y otros sectores esenciales, e integración de los movimientos sociales en la gestión de gobierno.
“Si tú te fijas, territorialmente Rodrigo Paz ganó en la primera vuelta en cerca de 95 municipios. En la segunda en más de 280, principalmente del área rural donde antes ganaba el Movimiento al Socialismo. Con las promesas que él hizo esos sectores percibían que, en medio de la crisis económica, Rodrigo iba a gobernar para ellos poniendo el Estado, como estuvo durante 14 años, a disposición de corregir las inequidades del mercado, de democratizar la riqueza y de utilizar la inversión pública para dinamizar la economía interna. Cuando entra a gobernar hace total totalmente lo contrario”, describe.
Entre las medidas contrarias a las promesas electorales, Salvatierra destaca la eliminación del impuesto a las grandes fortunas, la habilitación de la libre importación de soja y “favores” a la banca mediante el “perdonazo” de créditos.
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Una de las primeras medidas que toma el nuevo presidente en diciembre de 2025 es el Decreto Supremo 5503. En palabras del Gobierno, se trata de un paquete de ajuste económico y normativo diseñado para hacer frente a la crisis fiscal, la escasez de dólares y el desabastecimiento de combustibles. La iniciativa elimina la subvención a los hidrocarburos y liberaliza la economía “para atraer inversión privada”. Así, se desatan las primeras tormentas para el nuevo mandatario a menos de un mes de asumir y su primer impulso naufraga. Bejarano explica que esta iniciativa implicaba “modificar prácticamente todo el régimen económico sin pasar por un cambio de la Constitución”.
Luego llegan las sospechas por los contratos de importación de gasolina. La calidad del combustible comienza a dañar los motores y desata la ira de los transportistas, en medio de acusaciones de sabotaje y promesas de compensación para los afectados. “Eso ha generado una indisposición no solamente en el mundo popular, sino también en esta clase media que, yo creo, que asumiría una defensa más profunda, hoy día, del Gobierno de Rodrigo Paz, si es que no le hubiera tocado vivir esto también a ellos mismos”, sostiene Bejarano.
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El 22 de marzo de este año se realizaron las elecciones subnacionales para elegir a los gobernadores de los 9 distritos del país y los alcaldes de las 335 municipalidades. Rodrigo Paz se mostró muy próximo a Luis Fernando Camacho, el exgobernador de Santa Cruz que llegó al Palacio Quemado mientras Evo Morales se refugiaba primero en México y luego en Argentina, tras la exigencia de renuncia de los altos mandos militares.
Bejarano recuerda que el líder cruceño es muy resistido en El Alto, lugar donde las acciones ordenadas por el Gobierno de Jeanine Añez se cobraron la vida de 19 personas en Senkata y Sacaba. Hoy, el epicentro de las protestas es, justamente, la ciudad lindera con La Paz.
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En el marco de los mismos comicios, el candidato cercano al mandatario, Luis Revilla, se queda con la gobernación de La Paz en medio de una polémica decisión del Tribunal Superior Electoral. “Es alguien que pertenece a la vieja élite política”, explica Bejarano.
Luego, el economista Gonzalo Colque descubre que el proyecto de Presupuesto General del Estado enviado por el Poder Ejecutivo al Parlamento contiene un aumento del 40% en salarios de diez ministerios. Una imagen que contrasta con la fuerte caída del ingreso real de la mayoría de la población después de la eliminación de los subsidios al combustible.
A estas decisiones Bejarano suma la modificación de la ley de tierras que beneficiaría a la agroindustria, la mencionada eliminación del impuesto a las grandes fortunas y la “relación genuflexa” con Estados Unidos. “Todo eso ha ido construyendo un malestar”, concluye.
Las analistas también concuerdan en una paradoja del proceso político en curso: las protestas y el rechazo a las decisiones de Rodrigo Paz parecieran esbozar un comienzo de reunificación de aquello que fue muy dividido en las últimas elecciones presidenciales. La expresión de los sectores que aglutinaba el MAS, hoy se visualiza en los bloqueos.
“La unidad no se va a producir por una llamada entre los líderes. Yo creo que esas son cosas mínimas; la verdadera unidad se va a producir en la lucha. Y mientras tanto, ¿cómo se expresa ese sector? En la movilización social”, argumenta Salvatierra.
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